El pasado año encontré por casualidad un pequeño animal que no pasó desapercibido en mis escritos, y aunque solo hice una breve entrada, esta suscitó un amplio interés, fruto no de mis palabras, sino de la singularidad del propio animal.
Era sólo una cría de muy pequeño tamaño, pero hizo honor a todo que había leído sobre ella, su agresivo metabolismo y fiereza acabó con numerosos animales casi al instante, que desaparecían entre sus mandíbulas poco tiempo después.
Se trataba de un solífugo, una especie de arácnido de hábitos preferentemente nocturnos









