sábado, 11 de febrero de 2012

El matagallo



Hace muy pocas décadas, muchas las necesidades y utensilios que hoy en día consideramos básicos eran poco más que auténticos enseres del lujo, en algunos casos ni siquiera se sabia de su existencia y cualquier aparición en el mercado representaba una auténtica novedad por la que no cabía otra cosa que maravillarse. La frase típica para esto, que alguna que otra vez todavía se escucha a algún abuelete, era aquello de: “hay que ver el misterio de las cosas”. Sin ir más lejos, uno de los negocios más fecundos en cuanto progenie y posterior descendencia de artículos, como es el de los productos de limpieza, era cubierto casi en exclusiva con elementos caseros y naturales. Por aquel entonces no existía el extenso listado de ofertas de hoy en día, con nombres extravagantes propios de superhéroes de cómic tales como Calgonit Powerball, Ariel Essential, Fairy Ultra Caps o el lampiño Mr Propper entre otros, sino que se utilizaba el vinagre en la limpieza, o los clásicos jabones de "lagarto" y de sosa, que lo mismo servían para la ropa o el fregado que como remedio anticaspa (al parecer nada recomendables para pieles sensibles).

Alguno de esos antiguos elementos del “pasado” han venido casualmente a mi mano este mes. Por ejemplo el mencionado jabón de sosa, hecho con el aceite rehusado de freír, lejía y sosa, que por cierto te deja las manos bastante resecas una vez usado. Pero aparte de un detergente u otro equivalente, para limpiar es necesario un utensilio abrasivo que arrastrase la mugre, y para eso siempre ha existido un clásico en las cocinas: el estropajo.

Se sabe que los estropajos se usaban ya hace 4000 años, desde aquella época hasta principios del siglo XX ha ido variando su composición utilizando las más variadas fibras naturales. No obstante, el verdadero estropajo moderno no se inventó hasta 1917, cuando Edwin W. Cox, un vendedor de cacerolas estadounidense, tuvo la feliz ocurrencia de idear un estropajo de viruta de acero mezclado con jabón, utilizándolo como regalo en sus ventas para aumentar las mismas. El éxito de Cox fue total, de hecho abandonó las ollas por la industria del estropajo jabonoso inventada por él, tal es así que su marca ha sido la más vendida hasta hoy día en EEUU. Su nombre, S.O.S, fue dado por su esposa (Save Our Saucepans:  salvad nuestras cacerolas).
Productos S.O.S de la página oficial http://www.saveoursaucepans.com

Sin embargo, el estropajo jabonoso de acero no era precisamente un artículo muy común en las modestas cocinas españolas de la posguerra, su lugar siempre era ocupado por el de esparto. Pero en los hogares más humildes, especialmente en aquellos ubicados en el campo, cuando no había otra cosa se echaba mano de un elemento peculiar de los alrededores: bastaba cortar unos tallos con hojas de una planta y hacerlos un pequeño amasijo para conseguir un efecto que ya querría para sí el mayordomo del algodón, eso sí, con un poco más de insistencia.

La planta en cuestión es el matagallo, que a la mayoría sonará sólo a homicidio de ave de corral, pero que a aquellos que estén relacionados con el mundo rural sabrán de ella no sólo por su uso entre fogones, sino por otras muchas más cualidades.

Este arbusto, usado hoy en día en jardinería por su resistencia y capacidad de crecer casi en cualquier sitio, alcanza aproximadamente 1 metro de altura y se encuentra distribuido por toda nuestra comunidad. En España existen unas 8 especies que varían fundamentalmente en el color y forma de las flores, las más frecuentes de tonos amarillos o púrpura, todas caracterizadas por tener los tallos y hojas densamente cubiertos por una vellosidad blanca que les confiere un tacto aterciopelado. Precisamente esa cualidad era la que hacía que funcionase como estropajo, no hacía falta ni siquiera detergente, el propio jugo de la planta bastaba.
Flores de matagallo

Por otra parte el matagallo ya era usado desde los tiempos de la antigua Grecia como torcida o mecha de las lámparas de aceite, de ahí su nombre científico, Phlomis lychnitis, que proviene del griego Phlox (llama) y del vocablo griego lychnos (lámpara). Algo que también ha calado en el lenguaje popular, pues es conocida como candilera, mechera, hierba de las torcidas o simplemente torcidas.
Hojas de matagallo

Dentro de las agrestes labores del cortijo, una de sus propiedades residía en el uso veterinario a la hora de provocar la expulsión de la placenta en los partos de las cabras, además de que sus semillas se podían utilizar para engordar a los cochinos y servir como excelente ramaje para hacer prender las hogueras. En ocasiones, cuando no había un corcho para tapar un cántaro o botijo, se utilizaba también un gurruño de hojas y tallos para taponar el agujero. Y los niños gustaban de arrancar sus flores en forma de trompetillas para chupar el dulce néctar por el extremo arrancado, yo mismo he comprobado esa virtud, con cuidado de no aspirar algún bichillo que se encontrase dentro.

Planta de matagallo

También tenía uso en múltiples aspectos médicos: se utilizaba como remedio casero para los resfriados bebiendo la infusión que salía de hervir sus hojas, como diurético para combatir los cálculos renales, de vesícula y en cualquier afección estomacal, en baños de asiento para aliviar las hemorroides, para curar los sabañones, mezclado con altabaca para los golpes, machacado en forma de emplasto cicatrizaba las heridas más rápidamente y hoy en día se sabe además que ayuda a bajar el colesterol. 

Que más se puede pedir, ah sí, un uso en el ámbito rural como elemento higiénico, del cual sobran los detalles.

Tras sus incontables efectos beneficiosos, a priori podría parecer que sólo tiene un efecto nocivo sugerido por la interpretación de su nombre: la cualidad de diezmar a gallinas y gallos. Sin embargo, la palabra no tiene ese cruento significado, en realidad proviene de “mata de gallo”, por el parecido de sus flores a la cresta del citado animal. Salvado este infundado lunar negro en su expediente, podríamos decir que ciertamente estamos ante el auténtico tónico milagroso que los charlatanes de las películas del oeste vendían como curalotodo, remedio que, una vez más, se hace realidad en nuestra tierra.


(Publicado en junio de 2008 en Morón)


Licencia Creative Commons
El Matagallo por Kamereon se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 España.
Basada en una obra en www.almabiologica.com.

7 comentarios:

  1. Maravilloso articulo.gracias por recoger este conocimiento tan valioso

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  2. Muy interesante y clarito.
    Gracias.
    Paco Torres.

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  3. Hay personas que lo toman para la próstata, me gustaría saber más sobre éste tema porque no logro encontrar nada sobre esta planta y la próstata

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  4. Hay personas que lo toman para la próstata, me gustaría saber más sobre éste tema porque no logro encontrar nada sobre esta planta y la próstata

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  5. Muchas gracias por éste interesante artículo. Estoy en duda, creo que leí por algún sitio que es buena para la circulación, y pensé en darle a mi madre en infusión, tiene 80 años y sufrió ictus por obstrucción de la aorta

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  6. Que buena explicación. La he visto muchas veces y apenas le echaba cuentas. A partir de ahora las veré de otra forma. Gracias

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