domingo, 11 de agosto de 2013

Los cuervos Hugin y Munin


Este año me he dejado llevar por la fascinante mitología nórdica. De la mano de Wagner y su principal obra épica, El anillo del nibelungo, viajé semanas por el mundo de los dioses hasta llegar al patio de butacas y poder ver Sigfrido.

Impactado por mi primera ópera, no pude quedarme ahí y necesitaba conocer más cosas de aquellos seres y sus intrigas, enfermedad ésta la mía en la que necesito saber cada vez más sobre algo. Sobre el tema concreto, se ve que antiguamente las novelas y teleseries escaseaban, para paliarlo no faltaban este tipo de historias que pasaban de boca en boca.

En esta he encontrado los argumentos típicos de un peliculón aderezado con fantasía: amor, intrigas, traiciones, luchas, monstruos… No en vano, la mitología germánico nórdica que dio origen a El anillo del nibelungo, es la base en la que J. R. R. Tolkien también cimentó El señor de los anillos.

El eje principal gira alrededor del dios Odín, o Wotan para los germanos, un singular personaje antagónico, igualmente orientado a las artes y el saber, que a la guerra y la muerte. Su poder se fundamentaba en la sabiduría y el conocimiento, pero también en los engaños, confabulaciones y pactos que quedaban tallados en su lanza y que no podía incumplir. Por supuesto, el anillo con poder forjado por enanos es una pieza indispensable del puzle.

Wotan se servía también de muchos instrumentos y “mascotas” para imponer su mandato: su lanza, su caballo de ocho patas, una pareja de lobos, la decapitada cabeza de un semidiós que le servía de oráculo y un sin fin de artilugios más. De entre ellos, los que a mí me interesan hoy son dos cuervos que le acompañaban, Hugin y Munin, conocidos respectivamente como el pensamiento o saber y la memoria, de hecho, en la lengua nórdica, Munin tiene sus raíces en la palabra memoria.

Él los enviaba cada mañana al mundo, y por la tarde le susurraban todo lo que habían visto y oído. También la similitud vuelve a surgir aquí con la obra de Tolkien, pues los córvidos son espías en alguno de sus pasajes.

Los cuervos de Odín, tuerto al entregar su ojo como prenda para adquirir conocimiento

Pero el hecho de que el dios supremo nórdico tuviese a una pareja de estos animales asociados con ambas habilidades mentales no es puramente casual:

El cuervo se encuentra en el top 10 de los animales más inteligentes del planeta. Posee uno de los cerebros más grandes de todas las especies de aves y una inteligencia que le permite idear pequeñas herramientas, así como la resolución de problemas mediante la imitación o la intuición. Por si fuera poco, si se les enseña, son capaces de imitar a la voz humana, al igual que los loros, lo cual avala que estos pudiesen informarle.

Son además unas aves imponentes, con hasta 70 cm de longitud y una envergadura alar de 1,6 metros. Su plumaje negro, de tenebroso aspecto y vinculado al mal augurio en ocasiones, oculta sin embargo un lado paternal y de fidelidad irreprochable, ya que los miembros de una pareja anidan juntos y defienden su territorio durante toda su vida. Es por ello que suelen verse de dos en dos, por lo que probablemente de ahí haya surgido la mítica pareja mitológica.

Su distribución por el hemisferio norte es prácticamente total en todos los continentes, pero si hay un lugar en el que los cuervos se han convertido en un paradigna de lo normal, este es Japón, puedo dar fe de ello. Resulta más que curioso y hasta cierto punto escalofriante despertarse por la mañana o pasear por las calles de Tokyo y escuchar, no el sonido de las palomas, o si se me apura de una gaviota costera, sino el graznido seco y penetrante de un enorme cuervo. Él es allí el amo y señor del alfeizar, no hay otra ave que domine la ciudad en aquella lejana tierra y su exponencial aumento empieza a convertirse en un problema urbano.

Un cuervo en mi viaje a la ciudad de Tokyo
En el centro, un cuervo vuela a ras de un cementerio japonés

Pero volviendo a Hugin y Munin, hemos de decir que no eran unos simples informadores, ya que sus nombres, lejos de la coincidencia, tenían una analogía real con las dos preciadas habilidades mentales. Wotan concedía una tremenda importancia a sus dos “cuervos”, y la relevancia que ambas facultades mentales tenían para él queda plasmada en algunas antiguas estrofas nórdicas:

“Cada día Hugin y Munin tienen que

sobrevolar el mundo.

Temo que, Hugin no volverá a casa;

pero más velo por Munin.”

Su manifiesta preocupación, no es más que una reflexión filosófica humana. Wotan y el hombre necesitan del pensamiento (Hugin) para distinguirse del resto de seres, su sabiduría los hace distintos a los demás. Sin embargo, es más temeroso aún respecto a la memoria (Munin), y no está exento de razón. El conocimiento sin el recuerdo de la experiencia no es nada, pues se basa en los recuerdos para surgir de ellos. Además, qué sería de nosotros sin la memoria, nuestras vivencias construyen y hacen o forman parte de nuestra personalidad. Acaso hay algo peor que perder la memoria y los recuerdos de lo que hemos sido.

Desde hace un par de años, de camino al pueblo con el coche desde Sevilla, veo frecuentemente a una pareja de cuervos. Quizás Hugin y Munin, pensamiento y memoria siempre inseparables, hacen que yo mismo los active y repase mis mejores momentos mentalmente, al tiempo que una imaginaria banda sonora de Forrest Gump suena de fondo a modo de sintonía de recuerdo.


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Los cuervos Hugin y Mugin por Kamereon se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en www.almabiologica.com.

1 comentario:

  1. Interesante artículo; cada día te supera más y más.

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