sábado, 21 de septiembre de 2013

La abeja melífera

Hace unos 8.000 años, nuestros antepasados, imitando quizás a otros animales como los osos, descubrieron en las colmenas silvestres una dulce y nutritiva fuente de alimento adicional a sus precarias dietas. De esta actividad se tiene constancia por la existencia de pinturas rupestres, y posteriormente por papiros que demuestran como en el antiguo Egipto ya se había conseguido “domesticar" a las abejas para la obtención de miel. Hasta el descubrimiento de América y de la caña de azúcar, aquel fue el único edulcorante conocido en el viejo continente y buena parte del mundo.

No fue ese el único hallazgo y otros productos de las abejas comenzaron a utilizarse con el transcurso del tiempo, proliferando la aparición de colmenas más fáciles de manipular diseñadas por el hombre, con las que la apicultura experimentó  un auge extraordinario.

Desde entonces hemos ido aprendiendo más sobre la colmena, una auténtica metrópolis en la que pueden vivir hasta 60.000 individuos, en la que el material de albañilería no es el ladrillo o el hormigón, sino la cera, que es producida por secreciones de la propia abeja. Ese fue el segundo producto que empezó a explotar el hombre, utilizándolo en la producción de velas y como elemento impermeabilizador.

Otro material utilizado en la edificación es el propóleo o própolis, fabricado por las abejas a partir de la resina de los árboles y empleado como elemento de refuerzo y sellado de la colmena. Pero el própolis, que literalmente significa defensa de la ciudad, hace honor a su nombre por una segunda cualidad más importante, ya que es un potente desinfectante natural, no en vano la colmena es uno de los lugares más esterilizados de la naturaleza. De hecho, si un animal se cuela en la colmena y después de morir por las picaduras es demasiado grande para que el servicio de limpieza lo saque de la misma, será envuelto en cera y própolis para evitar cualquier infección por su descomposición, quedando completamente momificado. Este hecho tampoco escapó a los egipcios que utilizaban los propóleos en sus peculiares enterramientos.

Las abjeas transportan pegados en sus patas muchos de sus productos

Hoy día también se comercializa el própolis como producto homeopático, utilizado para una gran variedad de afecciones por su multitud de propiedades médicas y particularmente efectivo en las afecciones respiratorias frecuentes en esta época del año.
Una bola resinosa de própolis recolectada de las colmenas

El panal es pues una residencia muy avanzada, estructurada con sus calles, despensas, guarderías, servicio de aire acondicionado y otros lujos de la sociedad. Esto es posible debido a la alta organización social de estos insectos, que se encuentran divididos en 3 castas: reina, obreras y zánganos.

Sus nombres lo dicen todo, ya que la obrera se dedica a realizar todas las tareas de la ciudad, incluido sustentar a glotones zánganos que necesitan la asistencia de al menos cinco obreras para su alimentación y cuya única misión es fecundar a la futura reina cuando llegue el momento. Su vida se prolonga como mucho tres meses, en función de lo duro que haya sido el trabajo y del mes en el que nace, pues no es lo mismo el tranquilo invierno en el interior de la colmena, que una ajetreada primavera de recolección. Incluso sacrificarán su vida por defender la ciudad, ya que al picar su aguijón queda anclado por tener muescas laterales a modo de garfios, perdiendo parte de sus órganos internos y la vida al intentar escapar.


La Apis melífera es originaria de Europa, pero transportada por el hombre
se ha extendido por todo el planeta por su capacidad de adaptación

Respecto a la reina, también es atendida constantemente por sus sirvientas, pero contrariamente a lo que pueda parecer no lleva una pomposa vida de relax, sino más bien cinco años de esforzado cautiverio. La reina es una engrasada maquinaria de poner de huevos que ya quisiera para sí cualquier granja de gallinas, pone unos ciento cincuenta mil al año, lo que equivale a un parto cada tres minutos y medio.

Los huevos se encuentran en las celdillas hexagonales y de ahí saldrán larvas, en principio todas son iguales, pero será el alimento que le suministren las obreras el que determine su futuro como obrera, zángano o princesa. La diferencia culinaria para una princesa estriba en la jalea real, su poder nutritivo la convertirá en miembro de la realeza, pero sólo una de ellas heredará el imperio de su progenitora. El nacimiento de la infanta primogénita condiciona el final del reinado de su madre, que en ese momento abandonará la colmena, llevándose a algunos súbditos fieles con los que formará un enjambre y fundará una nueva ciudadela de cera. De no ser así habría un conflicto por el trono y puede que un regicidio, ya que no pueden cohabitar dos en la misma colmena. De hecho hay otro tétrico “real decreto” que impera en la comunidad: acto seguido de la toma de poder, la nueva reina realiza un macabro paseo por la calle real para eliminar al resto de princesas que permanecen encerradas aún en sus celdillas. A veces puede darse el caso en que dos princesas nazcan a la vez, en tal caso un duelo a muerte el determinará la soberanía.

El polen almacenado por las abejas se presenta en estos pequeños granos


Pero al margen de este singular estado autoritario, las abejas nos sorprenden gratamente por su prolífica producción de productos provechosos. Un hipermercado en el que, como se ha visto, se puede encontrar desde la cera y própolis, hasta productos altamente energéticos como la miel, la jalea real y el polen, este último podría considerarse como el alimento más completo de la naturaleza. También se puede “cosechar” su veneno, ya que la apitoxina se utiliza con propiedades terapéuticas desde la antigüedad. En definitiva, una auténtica factoría de variedades que el hombre ha aprendido a recolectar con el paso de los siglos. Pero recordad que detrás de cada uno de ellos ha existido el esfuerzo de un nutrido grupo de insectos, ya que media cucharada de miel es lo que una sola abeja producirá durante toda su vida y para ello tendrá que recorrer unos ochocientos kilómetros.


Licencia Creative Commons

La abeja melífera por Kamereon se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en www.almabiologica.com.

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