sábado, 28 de diciembre de 2013

Mormo maura: polillas y vampiros



El vampirismo se ha convertido en un fenómeno social que atrae a las masas. La mezcla del poder de la vitalidad eterna, la sensualidad, el terror, la agresividad y el amor, son emociones y deseos de los que se nutre el hombre, todos ellos juntos conjugan un potente cóctel de sentimientos. Ahí radica el éxito de alguna saga cinéfila actual. Esta mezcla de emociones es relativamente reciente, fusionada en Drácula hace más de cien años por Bram Stoker, el primero en vislumbrar el potencial que el vampiro podía tener como producto comercial.

Pero el origen de estos seres de ultratumba es mucho más longevo. Como ya he escrito en alguna ocasión, este tiene una raíz ancestral en la cultura humana, estando presente bajo diferentes formas y nombres en las más antiguas civilizaciones. Tanto que podríamos remontarnos al propio origen del hombre en nuestras creencias más cercanas.

Resulta que, en contra del convencimiento habitual, Eva no fue la primera mujer. El folclore y tradición judía proponen la existencia de otra primera compañera de Adán, una dama inicial que dejó voluntariamente el Edén para unirse a una pléyade de demonios y convertirse en uno de ellos, con ciertas costumbres de carácter vampírico. Su nombre era Lilith.

Quizás pueda parecernos un relato muy de leyenda, pero son varios los textos rabínicos que aluden a su origen, y un leve matiz de la Biblia también nos da que pensar. En Génesis 1.27 y 1.28 se dice:

27 Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos…

Todo normal, si no fuese porque esa es la primera referencia a un ser femenino, en el teórico sexto día de la creación, antes de descansar en el séptimo, y con bastante antelación hasta darse cuenta posteriormente de que no era bueno que el hombre estuviese solo. Dios creó más tarde a la mujer, Eva, en Génesis 2.22, pero esta vez a partir del hombre, no a su imagen y semejanza, como supuestamente había hecho la primera vez con Adan y Lilith, en la que quizás salieron demasiado parecidos. Cierta persona de mi entorno laboral diría que por ello la mujer es muy distinta al hombre, no físicamente, sino a nivel de percepción de las cosas, y que indudablemente Dios procuró que esto fuese así en esta segunda oportunidad. Yo pienso que simplemente aplicó un principio del cambio seguido por Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

En fin, solo son interpretaciones, no mías, sino de algunos eruditos. Lilith o Lilit se convirtió así el primer vampiro de la humanidad, lo que nos da una idea del arraigo de este fenómeno. Por otra parte, sólo aparece mencionada en un pasaje bíblico, y en la edición divulgada de la Biblia, la Vulgata, es traducida como Lamia, precisamente un ser también asociado al vampirismo en la mitología griega, muy a menudo junto a otras compañeras semejantes como Empusa y Mormo.

Lamia (posiblemente Lilit), Empusa y Mormo son demonios, súcubos o vampiros, sobre los que he sentido una cierta curiosidad, quizás atraído por el seductor “efecto vampiro”. Sobre Empusa escribí en su día, tras toparme en el reino animal con una mantis religiosa que lleva su nombre. Acabamos de conocer a Lamia, una bella mujer que en el mundo animal tiene su alter ego en los tiburones. Sólo me faltaba descubrir a Mormo.

Mormo es tratado de formas muy variadas en la mitología y cultura popular, a veces como ser masculino y consorte de la diosa griega Hécate, y otras como una bella mujer. El significado etimológico de su nombre alude al terror como reacción física humana. Sin embargo, en la edad media se convirtió en un ser con ciertas connotaciones humorísticas por sus desventuras nocturnas, siendo la única forma de deshacerse de él el pisar su sombra. Más tarde, ha sido usado por las matronas como elemento para asustar a los niños si no se portaban bien. Un ser confuso como podemos ver, bello o terrorífico, aspecto que también se había trasladado a mi encuentro con el animal que lleva su nombre en la naturaleza, pues no supe de él hasta que lo encontré de frente.

Al fondo la "gruta" de Mormo

El hallazgo fue de lo más atípico, fruto de mis extrañas andanzas veraniegas, me bañé en una gran poza de agua adentrándome en una semicaverna horadada por una cascada. Nadando sin hacer pie, con cuatro o cinco metros de profundidad de agua, llegué a las paredes redondeadas por la erosión del agua. Allí se encontré un pequeño ecosistema de insectos y arañas, pero al mirar a uno de los lados experimenté cierto momento de pánico ante la sorpresa de un conglomerado amorfo de unos veinte o treinta centímetros por encima de mi cabeza. Una vez recuperado, llegó la fascinación ante lo que entendí era un grupo de unas treinta grandes mariposas nocturnas, alguna de hasta siete centímetros de envergadura alar, reposando ante el calor del día. Asustado y atraído, Mormo maura, la polilla que tenía frente a mí, hacia honor a su nombre de vampiro por las emociones opuestas.

Mi mejor foto en equilibrio del grupo de Mormo maura

Desconozco cuál fue el motivo de la elección de este nombre para la polilla, pero Linneo, su descubridor, puede que experimentase el mismo sentimiento visceral de miedo inicial y luego la emoción del encuentro, asignándole un vampiro. Respecto a su segundo nombre, maura, sólo indica color oscuro. Supongo que Linneo, ideólogo y pionero en la forma de nombrar a los animales, también se estaba quedando sin posibles nombres, pues entre plantas y animales fueron más de trece mil los bautismos que hizo. Así que, llegado el momento, usó todos lo que estuvo a su alcance, mitología incluida.

Esta mariposa nocturna suele habitar en cuevas y sitios oscuros cercanos a ríos y otros acuíferos, en los que se concentra formando grupos. Este comportamiento se da en verano al esconderse de la luz, pues es lucífuga. Suelen ser atraídas por fuertes olores, aunque no es habitual encontrarlas y menos verlas desde tan cerca, por lo que no podía desperdiciar la ocasión para fotografiarlas.

Sin embargo, el problema para hacer una foto sin arriesgarme a estropear o perder la cámara no era de fácil solución. Sustentándome en el agua, sin ningún sitio al que agarrarme, con paredes resbaladizas y varios metros de agua bajo mí, era imposible llevarla conmigo sin mojarla o perderla para siempre. Pero el que piense que me iba a rendir fácilmente es que no me conoce.

Abertura superior de la pequeña gruta hecha por la cascada



Llegado a este punto, usé las correas de la funda y de la propia de cámara, uniéndolas a algún otro elemento para descolgar la cámara de fotos desde la parte superior de la cascada unos tres metros. Vigilando que esta tuviera una longitud segura para que el agua no acabase con ella. En aquella poza había además un tronco flotante, que conduje hacia la pequeña gruta y use para tener al menos un punto de agarre. A todo ello debía unir el hecho de que un nutrido grupo de peces me mordisqueaba distintas partes del cuerpo. Aunque no era una sensación desagradable, supongo que parecida al tratamiento con peces para exfoliar la piel (aqua-peeling), no las tenía todas conmigo y andaba algo mosqueado. Quizás haya visto demasiadas veces Monstruos de río en Discovery Max.

Sujeto al tronco trantando de mantener el equilibrio

Al final, abrazado al tronco con una mano, hice cuantas fotos pude con la otra intentando guardar el equilibrio cual nadador de sincronizada. No sé qué puntuación hubiese obtenido en las olimpiadas de ese mismo año (Londres 2012), pero seguro que el número hubiese causado expectación por lo novedoso del ejercicio.

Esta mariposa es conocida también como catócala negra, aunque sus tonos varían entre marrones anaranjados con ciertos toques dorados. Tiene una singular decoración que ha hecho también se la conozca en los países anglosajones el apodo de la vieja dama (the old lady), por su parecido a llevar un chal o mantón de encajes.

Los dibujos en forma de chal: The old lady

La mariposa se ve volar en verano, desde junio hasta octubre, momento en que ya han hecho sus deberes y dejado una futura prole en forma de huevos. A fínales de otoño salen las orugas, que comerán cuanto puedan hasta la bajada de temperaturas, volviendo a resurgir con fuerza en primavera, alimentándose de dientes de león, ortigas u hojas de sauce. A final de mayo construye un pequeño capullo en el suelo capaz de repeler al agua, del que saldrán las mariposas.

Extrañamente atraído por la experiencia, este año he vuelto a nadar de nuevo en aquel singular charco para buscar a las mariposas descendientes del año anterior. Se ve que es un sitio de reposo habitual, por lo que no dejaré de visitar a las futuras generaciones para quedar hipnotizado con mi pequeño vampiro particular.

Estas son las descendientes fotografiadas este año

Licencia Creative Commons 
Mormo maura: polillas y vampirospor Kamereon se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en www.almabiologica.com.

No hay comentarios:

Publicar un comentario