Justin Schmidt es un reputado entomólogo de la Universidad de Arizona que ha enfocado sus estudios a los himenópteros de todo el mundo (hormigas, avispas y abejas), analizando todo lo concerniente a ellos: alimentación, estrategias de depredación y defensa, comunicación química, etc… toda una eminencia en la materia.
Aunque he de reconocer que aún no he leído sus publicaciones, hay una faceta suya que ha capturado mi atención, pues lejos de quedarse en la parte técnico científica, tuvo ese ligero punto de locura e implicación que lo ha diferenciado de otros colegas de su profesión.
Supongo que, acostumbrado a manipular este tipo de insectos, sufriría innumerables picaduras a lo largo de su vida, así que, en lugar de recibirlas sin previo aviso, decidió programarlas y medir el dolor que éstas suponían. Para conseguirlo dejó que le picasen una a una distintas especies hasta catalogar un total de 78 animales, no venenosos aunque sí dolorosos, 41 de ellos himenópteros, para experimentar y describir un efecto tan subjetivo como es el dolor.