En 1805 la Francia de Napoleón se hallaba en pleno conflicto militar contra media Europa. En aquella época uno de los objetivos franceses era acabar con Inglaterra abortando su dominio comercial, para ello buscó en España un aliado, lo cual a la postre no serviría más que para convertirnos en otra adquisición más del imperio napoleónico. Para Morón supuso la ocupación del Castillo por las tropas francesas, hace justamente 200 años en este año que cerramos, y lo que fue peor, la posterior voladura del mismo dos años después cuando se retiraron, lo que prácticamente firmó la sentencia de nuestro monumento.
domingo, 27 de mayo de 2012
La araña negra de los alcornocales
En 1805 la Francia de Napoleón se hallaba en pleno conflicto militar contra media Europa. En aquella época uno de los objetivos franceses era acabar con Inglaterra abortando su dominio comercial, para ello buscó en España un aliado, lo cual a la postre no serviría más que para convertirnos en otra adquisición más del imperio napoleónico. Para Morón supuso la ocupación del Castillo por las tropas francesas, hace justamente 200 años en este año que cerramos, y lo que fue peor, la posterior voladura del mismo dos años después cuando se retiraron, lo que prácticamente firmó la sentencia de nuestro monumento.
sábado, 5 de mayo de 2012
Café arcoíris
Llevamos unos días en los que lluvia y sol se alternan y mezclan como en una cafetería especializada, tan pronto tenemos café sólo, como expreso, con leche, cortado, americano…
No soy yo muy cafetero que digamos, pero en el lado meteorológico, hay una variedad que supera a todas en calidad, y ocurre cuando sale el arcoíris.
Estos días he observado alguno y mi inquieta mente se ha hecho una simple cuestión: ¿Por qué tiene forma de arco?, ¿por qué no son rayas verticales u horizontales?, ¿por qué no siempre lo vemos?
Por supuesto, la aparición de los siente colores aflora también de inmediato en este planteamiento, aquello de que la luz blanca está compuesta por otras de diferente color y cuando la hacemos pasar por un prisma se vuelve a descomponer.
Un prisma, un prisma… ¿quién ha tenido un prisma en sus manos alguna vez? En fin, la naturaleza tienes los suyos propios y las pequeñas gotas de agua de lluvia provocan en su interior fenómenos de refracción y reflexión que hacen que el rayo de sol se fraccione y “rebote” internamente volviendo hacia atrás.
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| Los haces azules de las gotas altas no llegan a la visión del hombre |
En ese rebote y vuelta atrás de la luz cada haz de color adquiere un ángulo determinado, aspecto que no detallaré para no aburrir demasiado, y forma el orden característico del colorido arco.
Pero sigo sin la respuesta, y es aquí donde viene lo más curioso, pues el que veamos el arcoíris depende de nosotros mismos, sin nosotros no existiría. Sólo son rayos de colores que llegan a una zona determinada y para que se vean debes estar justo allí. Todas las gotas generan este fraccionamiento en haces de colores, pero las que están muy arriba o abajo no inciden con el ángulo correcto para que podamos verlas.
Este ángulo es siempre el mismo para cada haz de color (42º para el rojo y 40º para el azul), de forma que sólo veremos los rojos en las más altas y así sucesivamente, formando una especie de cono cuyo vértice está en el punto de vista del observador (nosotros mismos). La base del cono es la cortina de agua en la que inciden los rayos de sol y de donde salen los rayos de colores, allí es dónde está el arcoíris. El arco no es más que ese trozo de círculo de la base cónica. De hecho, si el sol estuviese muy bajo parece que se podría ver, no un arco, sino un círculo completo, algo que personalmente no he visto nunca, y también, cuando hay un número mayor de reflexiones y refracciones internas en las gotas, dos y tres arcoíris superpuestos.
¿Qué hace falta pues para que se forme el arcoíris? Pues un poco de todo, como en esta vida: algo de sol un poco de lluvia y saber ver las cosas desde el punto correcto. Si nos ponemos mirando al sol y buscamos sólo la luz, la perfección, terminaremos cegados sin lograr ver nada, con un objetivo inalcanzable. Si nos acercamos a la tormenta demasiado, lo veremos todo negro, no saldremos de ella.
Hay que dejar el sol a la espalda y mirar cara a cara a la tormenta, todo depende, no del color cristal con que se mire como dice el refrán, sino del sitio desde el que lo hagas.
Así que, si quieres tomarte un café arcoíris en tu vida, busca y colócate con perspectiva en el sitio correcto, ya que sólo tú puedes hacer que éste se vea.
| Arcoíris sobre Montequinto (Dos Hermanas) |
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viernes, 27 de abril de 2012
La comunidad de la anilla
Tras mi primer encuentro casual con un nido de búho real (ver fotos y notas del mismo), me llevé una enorme decepción el día que fuimos a anillarlos y encontramos el nido vacío. Había sido depredado o esquilmado por alguien.
Después de aquello, hace mes y medio que miro cada risco, tajo o cantera cuando voy al campo, y en ellos he hallado un poco de todo: viejos nidos abandonados, egagrópilas, antiguos restos de crías abatidas más que presuntamente con una escopeta (un crimen resuelto al comprobar los plomazos en los restos del cráneo)… así hasta localizar un nuevo nido con huevos que finalmente ha dado sus “frutos”.
La de ayer es una experiencia de esas que se quedan en la retina para siempre, pues fue un deleite para mí ser testigo del anillado que realizaron los dos miembros de SEO que me han acompañado en este peregrinaje por los montes.
| Parte del proceso de anillado (con anillas del 10) |
Quedará pendiente el artículo completo, que sinceramente ya no sé como enfocaré, pues mi idea original quizás no refleje todo lo acontecido este mes. Por lo pronto, éste ya es un segundo adelanto que no podía dejar de hacer sobre este magnífico animal.
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sábado, 21 de abril de 2012
Cuarzo morión
Habitualmente suelo a atosigar a mi mejor amiga y compañera de trabajo con mis aficiones e historietas de fin de semana. Esta vez he encontrado cuarzos, un mineral muy común en la corteza terrestre y habitual en distintas zonas de mi pueblo.
En este caso aparecían salpimentando la ladera de un monte, surgiendo del suelo como si fuesen frutos de la propia montaña. La metáfora no está nada desencaminada, pues son el producto de diferentes procesos geológicos.
Los que hallé son cristales de cuarzo morión, que nada tiene que ver con Morón, y que toman su color negro debido a procesos irradiación natural, altas temperaturas o presencia de aluminio en lugar de silicio. Eran de un gran tamaño para lo que estoy acostumbrado a ver, sin embargo poco tienen que hacer frente a uno del mismo tipo descubierto en Madagascar y conocido como El Abuelo (Grossvater), de casi 140 kg de peso, 69 cm de largo y unos 122 cm de perímetro, todo un logro del mundo mineral.
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domingo, 15 de abril de 2012
El Buscanidos
Cuando iniciaba segundo de BUP, en el curso 86/87, el mundo de los ordenadores irrumpía poco a poco en España. Aquel boom fue un poco más tardío en mi pueblo, pero por primera vez se impartía la asignatura de Informática en el Instituto Fray Bartolomé de las Casas. En mi caso, este advenimiento tecnológico estuvo acompañado por un singular profesor, al que ahora he vuelto a recordar brevemente al hacer uso físico de su peculiar apodo.
Sólo unos pocos “elegidos” fuimos seleccionados para conocer el nuevo mundo que se abría ante la citada materia optativa. Sin embargo, aquel privilegio pronto se convirtió en una especie de purgatorio para algunos, principalmente aquellos cuya vocación se orientada más a las letras que a las ciencias, a los que el mundo de la lógica y las matemáticas se les había echado encima en un nuevo concepto que no habíamos visto hasta entonces: la programación.
No recuerdo exactamente cuántos éramos, ubicados por parejas o tríos frente a los monitores de fosforescentes letras verdes. Pero sí tengo algunos nombres grabados en la memoria: Daniel Jiménez Maqueda, Jesús Verdejo Jara, Caridad Carmona Sumariva, Susana Gaspar Ramírez, Manuel Jesús Marín Hernández, Juan Millán Santana, Víctor Manuel Ahumada Oliva, Alicia Tinoco Carrillo, Pedro Cruces Camacho, Julián Robles Relaño y servidor, aunque creo que se me escapa alguno.
¿Memoria de elefante?, no, simplemente aquel año fui el delegado de clase y durante cuatro meses acontecieron las huelgas de estudiantes de las que ahora se cumplen justamente 25 años (desde el 4 diciembre del 86, a abril del 87). Manifestaciones, sentadas y un poco de caos general en el que muchos vieron una oportunidad de saltarse las clases, y del que otros tantos sólo recordarán las imágenes del “cojo manteca” rompiendo semáforos con su muleta en Madrid. En uno de los cortes de carretera que hicimos, el “Campito”, un personaje de la intrahistoria de Morón, llegó a amenazarnos con una horquilla u horca si no dejábamos pasar su carreta (para los neófitos, apero del campo con cuatro puntas parecido a un tridente). Recuerdo cómo al final, el Jefe de Estudios, nos reunió para decidir el cese de la huelga en nuestro instituto, no como representantes del “pueblo” sino pulsando nuestra opinión personal. Así que, anticipadamente, dimos por concluido aquel desconcierto poco antes de su ocaso nacional. En fin, la memoria guarda en sus archivos aquello que se vive intensamente y, sin duda, ese año fue muy intenso.
Sin embargo, no alcanzo a recordar el nombre de aquel profesor que aprendía al tiempo que nosotros a programar, aunque sí el apelativo con el que lo nombrábamos, el Buscanidos, apodado así por la asiduidad con que este particular docente miraba hacia arriba mientras paseaba entre los pupitres.
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| Horca u horquilla (imagen de wikipedia) |
Esto es lo único que he podido rescatar de aquellas clases de BASIC. Que me perdonen los informáticos de hoy, pero así eran los inicios de la informática española |
El Buscanidos sabía que algo pasaba, pero tras dos años de arduas investigaciones, nunca consiguió encontrar a la fuente de información del plagio masivo en que se convertía cada evaluación. Imposible ante la panda de sinvergüenzas que estábamos hechos, máxime cuando durante el ejercicio, su más que tranquilo espíritu divagaba por el techo.
Aquel hombre no estaba precisamente especializado en detectar el libre albedrío del aula, su vista no estaba educada para ello, aunque como localizador de aves puede que no tuviese parangón. Quizás me hubiese venido bien en mis andanzas camperas, pues hay algo que se siempre se me ha resistido; los pájaros y sobre todo sus nidos, siendo incapaz de encontrar uno por mí mismo, quizás porque no les he prestado nunca demasiada atención.
Pero nuestra vista se adapta y educa a lo que queremos, a lo que nos gusta. Es un simple hábito, todos tenemos esa facultad puesta en alguna tarea concreta. En mi caso por ejemplo, desde niño, siempre he tenido una especial fascinación por los animales pequeños; insectos, arañas y cualquier cosa que se moviera a ras del suelo. Hecho que ha provocado que mi visión se haya ido especializando en ver cosas que otros no ven, siendo capaz de apreciar lo que para otro pasa inadvertido.
Esta facultad la he llevado también más allá de ese mundo en miniatura; espárragos, minerales, conejos y otros aspectos del mundo natural no se me resisten. Ahora, mis recientes peripecias con los búhos reales, han hecho que eleve la vista y mire algo más hacia arriba, imitando al Buscanidos, a quien no he podido dejar de rememorar en estas líneas.
Me pregunto que habrá sido de aquel docente, ornitólogo en potencia, y de paso de alguno de aquellos compañeros a los que he perdido la pista, de los que curiosamente sólo uno cursó finalmente la carrera Informática. Desde aquí les mando un saludo a todos, incluyendo al profesor.
(Al final encontré al Buscanidos gracias a alguno de los antiguos compañeros mencionados:
http://antiguosalumnosiesmartinezmontanes.blogspot.com.es/2011/12/homenaje-jesus-moreno.html)
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sábado, 14 de abril de 2012
Sociedad de garrapatas
“La garrapata, terca, obstinada y repugnante, permanece acurrucada, vive y espera. Espera hasta que la casualidad más improbable le lleve la sangre en forma de animal directamente bajo su árbol. Sólo entonces abandona su posición, se deja caer y se clava, perfora y muerde la carne ajena...”.
Así era como el alemán Patrick Süskind describía al protagonista de su principal obra literaria: El perfume, novela recientemente adaptada al cine, que narraba la singular trayectoria desde el nacimiento hasta la muerte del extraño personaje Jean Baptiste Grenouille.
Grenouille era un ser renegado, con un don que lo hacía superior al resto de la humanidad y que a la vez lo aislaba de ésta. Tenía una capacidad olfativa que estaba a años luz de cualquier ser vivo, lo que le permitía ver el mundo con su olfato igual o mejor que nosotros lo apreciamos con la vista, todo a su alrededor giraba sobre los olores y fragancias. Llegado a una cierta edad y aburrido de los usuales aromas que la sociedad le aventaba, enfocó todas sus fuerzas en la consecución de un perfume sin igual, elaborado a partir de las esencias aromáticas que extraía de las doncellas que asesinaba.
Pelirrojo, de no muy alta estatura y poco agraciado, estaba repleto de numerosas cicatrices y marcas que la vida le había acarreado, aspectos todos ellos más suavizados en la versión cinéfila. Además, ostentaba un inhumano atributo por el que las actuales compañías de desodorantes pagarían millones, ya que no poseía olor corporal propio alguno, aspecto que infería una terrorífica sensación en aquellos que se percataron de tal cuestión.
Süskind buscó un símil animal sobre el que comparar a Grenouille, y lo encontró en la garrapata, quizás por el pánico y aversión que, como aquél personaje ficticio, éstas provocan, o por reflejar de alguna forma un ser inmundo, vocablo que en las lenguas clásicas significaba que no tiene belleza o razón de ser.
La garrapata obedece al morfotipo elegido por Süskind, pero además presenta otras características sobre las que indirectamente se reflexiona en el transcurso del libro: son escurridizas, casi imperceptibles, capaces de aguardar pacientemente durante mucho tiempo sin comer, esperando en una rama o en la hierba con sus dos patas delanteras extendidas, a que algún animal la roce para quedar adherida a él, y no es un simple juego de palabras, ya que cuando encuentra el sitio apropiado sueltan una especie de pegamento que mantiene su boca unida al desgraciado anfitrión.
Desde ese momento exprimirán a su huésped sorbiéndole la sangre durante un tiempo, tanto como para llenar su abdomen hasta multiplicar por cien su peso original. Y es en ese momento cuando adquiere su estado más repugnante, sólo el hecho de pronunciarlo me provoca repulsión: el chinchorro, no creo que haya un bicho más desagradable. Además son capaces de transmitir complicadas enfermedades asociadas a trastornos en el corazón, problemas respiratorios o meningitis entre otras.
En ese estado, una vez satisfecho de hemoglobina hasta la saciedad, se deja caer para esconderse a un rincón apartado y poner allí entre tres ó cuatro mil huevos, toda una futura tropa de sedientos arácnidos, ya que las garrapatas no son insectos, sino parientes de las arañas por tener ocho patas.
Su modus operandi es un constante espectáculo de magia escapista, en el que aparece y se desvanece sin que nadie se percate, pasando de una víctima a otra a lo largo de su vida, dos o tres años como mucho.
Su modus operandi es un constante espectáculo de magia escapista, en el que aparece y se desvanece sin que nadie se percate, pasando de una víctima a otra a lo largo de su vida, dos o tres años como mucho.
Por otra parte son tremendamente resistentes, soportan las temperaturas del verano sin esfuerzo y cuando llega el invierno se entierran en el suelo e hibernan hasta la espera de una época mejor. Si alguna vez la descubrimos, nuestra primera intención es eliminarla, quizás aplastándola con el zapato o con cualquier otra cosa, parecerá que ha muerto aunque, al cabo de un tiempo, revelará que era sólo una magnífica actuación y echará a andar de nuevo.
Algunas de estas condiciones eran también las principales cualidades “garrapatescas” de Grenouille, su capacidad de supervivencia, su resistencia, su adaptabilidad y podríamos decir, en resumidas cuentas, que su capacidad parasitismo. Por su lado, fue pasando más de un protagonista secundario con el que convivió temporalmente. De ellos extrajo todo lo que necesitaba, bebió de sus conocimientos o de su posición social mientras le fueron de provecho. Cuando éstos dejaron de serle útiles, simplemente los abandonó, los echó a un lado, al igual que el chinchorro abandona a su presa una vez ésta ya no le sirve. Para la mayoría de aquellos secundarios, la marcha de Grenouille supuso un acontecimiento fatal para su existencia, como si se tratase de una enfermedad transmitida por la garrapata que abandona su huésped.
Toda la obra de Süskind es un análisis de la condición humana, de la hipocresía e intereses de los hombres, enfocada en el propio Grenouille o en aquellos otros que intentaron aprovecharse de él. Dicho estudio es trasladable a nuestra sociedad actual, y aunque este artículo no va destinado a nadie en concreto, puedo afirmarles que, si miran a su alrededor, seguro que encontrarán a su particular Grenouille.
No obstante, para ser sinceros, en mayor o menor medida casi todos hemos sido alguna vez o bien huésped o bien garrapata, en nosotros está la capacidad de inclinar dicho papel hacia uno u otro lado. Sin embargo, una cosa es el inherente egoísmo propio del instinto de supervivencia de nuestra especie, frente a otros aspectos menos loables como son, por ejemplo, el utilizar a los demás en nuestro propio convenio, prosperar como “trepas” sin importarnos lo que le pueda suceder al resto o directamente succionar económicamente del entorno; prevaricaciones, maletines, corruptelas, etc, un acto en el que la supervivencia se convierte en opulencia y las personas en auténticos chinchorros.
Como colofón final de este artículo y a la vez elemento detonante de la redacción del mismo, cuando hace pocos días trasteaba por la cocina de casa, encontré a un pequeño animal que me esperaba con sus brazos abiertos en la tapadera del cubo de la basura. No sé como había llegado hasta aquel sitio, ¿el perro del vecino, la casa de al lado, la traje yo sin darme cuenta? Quizás no fui justo con la pobre garrapata, pues, cual inquisidor medieval, no tuve más remedio que acabar con ella con las “purificadoras” llamas de un mechero, aunque tenerla como mascota o compañera no es aconsejable, pues ella no puede luchar contra su forma de ser y volvería a hacer lo mismo una y otra vez, está implícito en su naturaleza.
Respecto a las garrapatas sociales, tengo la impresión de que actualmente hemos adoptado una táctica equivocada, nos hemos habituado a ellas creyéndonos inmunes, sin importarnos coexistir y que cada dos por tres nos pique una. No creo que debamos consentir que este tipo de mordeduras se vean como algo cotidiano, pues hace que otras garrapatas prosperen por imitación, y terminan por ocasionar otro tipo de males al individuo y la sociedad. En este caso deberían actuar unas leyes también purificadoras que desinfecten y eviten la impunidad. Hay muchos tipos de garrapatas y es difícil cambiar su actitud vital, pero el próximo día que nos topemos con alguna, no debemos rendirnos a su sanguinario abrazo ni cejar en el empeño de intentar cambiar las cosas.
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jueves, 5 de abril de 2012
Frustración de dioptrías
Me resulta frustrante el ir al campo, intentar visitar sitios que hasta hace poco frecuentaba y no poder poner un pie en ninguna parte porque, todo, absolutamente todo, está vallado.
Nos estamos quedando con los márgenes de la carretera para poder pasear prácticamente. Cuando no existe un cartel de ganado, hay un prohibido el paso, un camino particular, etc, etc.
Es evidente que todo el mundo quiere tener lo suyo acotado, y que los robos pueden estar a la orden del día, pero a veces resulta un poco exagerado. Ya me veo en los arcenes de las carreteras para poder hacer un día campero.
En fin, buscaré otros sitios a los que sí pueda ir, pero por si fuera poco, se me saltan además las dioptrías cuando veo este tipo de carteles.
| Riqueza infinita del lenguaje reducido, si se entiende...es que vale |
Creo que voy a crear una sección dedicada a estos "supercarteles"
| Es evidente que la V no existe en el medio rural |
sábado, 31 de marzo de 2012
Cóctel de cochinilla
En 1885, Vincent M. Holt, un naturalista inglés, publicó un curioso libro que escandalizó a la estirada sociedad inglesa del momento. No se le ocurrió otra cosa que escribir un “jugoso” recetario a base de animales poco frecuentes en ollas y fogones, con el que proponía paliar el hambre que sufría gran parte de la población e invitarnos a reflexionar sobre los prejuicios humanos respecto a este tipo de alimentos.
¡Pruébela!, decía Holt sin tapujos, quizás lleve razón y en un futuro no muy lejano las veamos en la pescadería junto al marisco tradicional, aunque permítanme que por el momento prefiera seguir dejando tranquilos a estos animalitos y apostar mejor por una buena gamba blanca de Huelva.

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Evidentemente, Holt se dejó influir por la cultura gastronómica de otros países más exóticos, y en su recetario aparecían animales de lo más variopinto: babosas, larvas, orugas, saltamontes, escarabajos y cochinillas de la humedad. A estas últimas incluso las llegó a comparar gastronómicamente con las gambas, aunque en este último aspecto no le faltaba razón, y no me refiero al sabor, pues a pesar de ser abierto a las nuevas experiencias no he llegado al extremo de probarlas, sino a su naturaleza, ya que la cochinilla pertenece al mismo género que el magnífico entremés habitual en banquetes y bodas.
| Los machos tienen los dos urópodos (apéndices traseros) más grandes |
Es cierto, las cochinillas son crustáceos, como los cangrejos, gambas, cigalas o langostas, pero con la particularidad de ser los uno de los escasos supervivientes de aquellos que salieron del mar para adaptar su forma de vida exclusivamente al medio terrestre. Sin duda alguna, el cambiar sus hábitos acuáticos tuvo que ser un proceso bastante lento y traumático, en el que tuvieron que adaptar su forma de vida por completo. No obstante, aún conservan algunas características de su pasado, por ejemplo la respiración, que es realizada mediante branquias de igual forma que los peces y el resto de crustáceos, razón por la que siempre necesitan un ambiente húmedo para vivir. Es por ello que en las épocas secas se agrupan en grandes colonias en oquedades o bajo troncos y piedras para mantener la humedad.
Otro aspecto curioso heredado de su pasado es la procreación, pues en las etapas iniciales de todos los crustáceos existe una fase en la que indispensablemente se requiere de un medio acuático. Para resolver este tremendo problema, la hembra posee en la base de sus patas unas placas laminares que, llegado el momento de la puesta de huevos, aumentan de tamaño formando una especie de bolsa bajo el vientre. Ahí almacenará agua y depositará sus huevos, formando una especie de pecera portátil en la que se desarrollarán los pequeños individuos hasta que estén preparados para valerse por sí mismos.
| Un macho sujeta a la hembra antes del apareamiento |
Claro que previamente a este paso ha sido necesario el apareamiento, y dado que la cochinilla suele vivir en comuna, cuando llega ese momento se despierta un instinto carnal en el que el desenfreno suele ser la nota dominante de todos los individuos. Sin embargo, no todo el mundo tiene asegurado su particular momento de gloria, de ello depende la actitud del macho, y aquí es curioso el comportamiento de éstos, pues cada uno emplea la táctica que mejor se asemeja a sus características: los más grandes y fuertes utilizan su poderío físico para asir a las hembras receptivas, mientras que los de menor tamaño son más sutiles y cariñosos aunque no menos ardientes, y una vez se produce el acercamiento acarician con sus patas el costado de hembra para consumar el acto. Respecto a cuál es el mejor método, en mi opinión depende de la hembra, no nos engañemos, pues en la vida real al final son siempre ellas las que eligen.
Tras este paréntesis de pasión, la vida transcurrirá normalmente y las cochinillas se alimentarán de detritus vegetales y restos de cualquier materia orgánica en descomposición, de ahí el nombre de cochinilla, haciendo de efectivos limpiadores del entorno. Sólo se verán alteradas por los ataques de otros animales que se alimentan de ellas, ante lo cual algunas especies tienen la capacidad de enrollarse como una compacta bola, por eso en algunos lugares se les denomina bicho bolita.
Al parecer esos depredadores sí saben apreciar la “exquisitez” culinaria de la cochinita, no obstante, aquí dejo un fragmento del citado libro de Holt, denominado ¿Por qué no comer insectos?, para aquellos paladares atrevidos:
«Hay además miles de miembros del mismo grupo que la gamba (crustáceos) en cada jardín, a saber, las cochinillas de la humedad. Yo las he comido, y he podido comprobar que, al masticarlas, sueltan un sabor notablemente parecido al que tanto apreciamos en sus parientes marinos. La salsa de cochinilla de la humedad está al nivel de la de gambas, o la supera. Esta es la receta: Se recoge una cierta cantidad de las mejores cochinillas que se encuentren (no es difícil, porque abundan bajo la corteza de cada árbol podrido), y se echan en agua hirviendo (que las matará instantáneamente pero no las pondrá de color rojo como se podría esperar). Al mismo tiempo se pone en la cazuela un cuarto de libra de mantequilla fresca, una cucharadita de harina, un vaso pequeño de agua, un poco de leche, con algo de sal y pimienta, y se pone al fuego. En cuanto la salsa se espesa, se aparta el cazo y se echan las cochinillas. Es una salsa excelente para pescado.»
| Portada del escrito original |

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domingo, 11 de marzo de 2012
Algo voló sobre el nido del ¿búho?
Desde hace un par de meses he rescatado una antigua afición mineralógica que "cultivé" hace dos décadas. En esta etapa del renacimiento mineral en mi persona, fui ayer a una antigua cantera de Morón en la que, hace unos 60 años, parece que se halló una veta de piedra galena.
Ya estuve en ella en la mencionada fase inicial de aficionado geológico, aunque no encontré nada, salvo algunos cuarzos de notable tamaño.
Esta vez tampoco hallé el citado mineral, aunque sí me llevé un tremendo susto cuando exploraba una de las paredes de dicha excavación:
Esta vez tampoco hallé el citado mineral, aunque sí me llevé un tremendo susto cuando exploraba una de las paredes de dicha excavación:
A unos dos metros de mí, a mi derecha en alto, algo batió con fuerza las alas e hizo un descomunal ruido para alzar el vuelo. Era un ave enorme, aunque sólo pude verla de espaldas y durante un par de segundos, ya que se perdió por un lado de la cantera.
O era un águila de gran tamaño o un búho real, con el cual ya me he topado en un par de ocasiones cuando más joven. Pasado ese instante, subí por una pequeña pendiente al lugar de despegue y descubrí la escena que se puede ver en la foto.
Dos polluelos y al fondo la mitad de un conejo con el que la madre los está alimentando |
Son dos pequeños polluelos, recién nacidos, no deben tener más de 10 o 12 días por el color blanco del plumón. Tras unas cuantas fotos los dejé allí, aunque puede que vuelva más adelante cuando hayan crecido.
Más tarde ya me estuve documentando un poco, y por el tipo de nido, que básicamente es un hoyo en forma de cuenco excavado en la pared del acantilado con restos de egagrópilas (deposiciones con trozos de huesecillos) y por los polluelos, puedo decir casi con total seguridad que es un búho real.
Me informaré acerca de si es conveniente avisar al SEPRONA sobre este tipo de hallazgos, ya que el búho real está considerado como especie de interés especial. Aunque no creo que corra peligro por la localización del lugar y accesibilidad del mismo.
Curiosamente mi próximo objetivo de artículo era sobre el búho (http://www.almabiologica.com/p/proximos-objetivos.html), del cual no tenía hasta ahora ninguna foto original mía. ¿Mucha casualidad? No, no creo en ellas, mis dos últimos artículos me han terminado llevando allí. En el artículo mezclaré un poco todo lo resumido en estas notas, ya lo tengo en la cabeza.
Todo esto sucedió un sábado a medio día. Pero por la tarde del domingo, en las proximidades del río Guadaíra cercano a Alcalá, vi a alguien con un telescopio terrestre que parecía observar aves u otros animales. No pude resistir la tentación y tuve que preguntarle. Efectivamente miraba a los pájaros del entorno, y tras confirmarlo le conté la peripecia con el búho del día anterior. Me comentó que pertenecia a SEO (Sociedad Española de Ornitología), ofreciéndome la posibilidad de ir a anillar la los pequeños polluelos en breve, antes de que fuesen demasiado grandes para poder hacerlo. ¿También otra casualidad?

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Todo esto sucedió un sábado a medio día. Pero por la tarde del domingo, en las proximidades del río Guadaíra cercano a Alcalá, vi a alguien con un telescopio terrestre que parecía observar aves u otros animales. No pude resistir la tentación y tuve que preguntarle. Efectivamente miraba a los pájaros del entorno, y tras confirmarlo le conté la peripecia con el búho del día anterior. Me comentó que pertenecia a SEO (Sociedad Española de Ornitología), ofreciéndome la posibilidad de ir a anillar la los pequeños polluelos en breve, antes de que fuesen demasiado grandes para poder hacerlo. ¿También otra casualidad?

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viernes, 9 de marzo de 2012
La ley de la cigüeña
Hace algo más de 9 años asistí a una conferencia en la que, el hasta hace poco tiempo Director General de Sevillana Endesa, José Antonio Martínez, hizo una ponencia sobre los retos futuros de la actividad de distribución eléctrica.
Entre los desafíos a acometer, se hallaba el asegurar el suministro a la cada vez más creciente demanda de energía eléctrica, al tiempo que se debía mantener la calidad del servicio ofrecido. Esta última cuantificada entre otras cosas por un sucedáneo del número y duración de lo que coloquialmente en el mundo vecinal es conocido como “¿niña, se ha ido la luz?”.
En cuanto a los cortes eléctricos, al margen de los fallos técnicos inherentes a la propia aparamenta eléctrica, las causas de los mismos son muy variadas; rayos, caídas de árboles, temporales de viento o excavadoras que cortan un cable subterráneo, son incidentes más frecuentes de lo que en principio podría parecer. Aunque sobre ellos hay uno que destaca y acapara hoy nuestra atención; las colisiones y electrocuciones provocadas por aves. A este respecto, las empresas eléctricas también se encontraban ante otro gran elemento en alza de nuestra sociedad, la cultura medioambiental y el desarrollo sostenible, encaminada en este caso particular a la protección de la avifauna.
Y fue, llegado a ese punto de la exposición, cuando la cigüeña tuvo su particular momento de protagonismo. Desde que en las décadas de los 70 y 80 se iniciaran los primeros planteamientos en la protección de aves, los esfuerzos técnicos y económicos de las compañías eléctricas habían ido redoblándose con el tiempo. Fueron muchos los experimentos y estudios para tratar de evitar la construcción de los enormes nidos de cigüeñas en las torres eléctricos, algunos de hasta media tonelada de peso: mejoras en los diseños de las torres, dispositivos para impedir que se posaran, elementos señalizadores del cableado de alta tensión, etc. José Antonio Martínez enfatizó que incluso se habían construido postes adyacentes idénticos exentos de tendido eléctrico, ofrecidos como hogar alternativo, y con su peculiar sentido del humor dijo literalmente; “pero, que le vamos a hacer, estos pollos son eléctricos”, matizando que aún así preferían normalmente los postes con cableado eléctrico, desdeñando aquellos otros que les habían sido concedidos cual vivienda de protección oficial, nunca mejor dicho.
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| La mencionada diapositiva de la presentación del IEEE |
Para que nos hagamos una idea de su efecto, un par de años después de aquella conferencia, durante 2004, año especialmente peliagudo en Andalucía y Badajoz en lo que a cortes eléctricos se refiere, se contabilizaron 417 incidentes provocados por aves que dejaron sin electricidad a unos 650.000 clientes, lo que supuso un total de casi 738 horas de interrupción. Un aspecto de consecuencias negativas en imagen y penalizaciones que, para ser justos, no se puede ser achacable a las compañías eléctricas y que en la actualidad se encuentra de hecho en litigio. Por si acaso, mientras se resuelve la cuestión normativa, cuando ocurre algún incidente lo primero que la cuadrilla eléctrica hace es buscar ávidamente algún pobre “pollo” que haya quedado “frito”.
Lo cierto es que el reconocido exdirector puede que no estuviera exento de razón en su comentario, ya que, aunque nada está demostrado, parece que podrían ser varios los motivos que atraen a la cigüeña a construir en las torres eléctricas:
De una parte el calentamiento de los conductores eléctricos por el paso de la intensidad (el llamado efecto Joule en argot electrotécnico), cuyo calor desprendido puede ser placentero para estas aves. Por otro lado, la frecuencia de las ondas de intensidad eléctrica (en concreto la denominada del tercer armónico) provoca además una vibración del propio cableado e infraestructura eléctrica, que, aunque imperceptible para nosotros, origina un cosquilleo que podría resultar del agrado de estos singulares pájaros.
| Cigüeña nidificando en un poste |
También es posible que los campos electromagnéticos que producen las líneas eléctricas sirvan de referencia para localizar el nido o la zona en la que se encuentra, dado que las aves poseen un sentido que les permite detectar el electromagnetismo terrestre para hacer sus migraciones.
| Las cigüeñas se reunen para ver la puesta de sol |
| Instantes después yo provoqué sin querer esta desbandada |
Indudablemente los pollos actuales son eléctricos, pero la cigüeña siempre ha estado inmemorialmente ligada al ámbito humano, y no sólo eso, sino que ha sido considerada como símbolo de la buena suerte y ejemplo a seguir.
Son muchas las leyendas que revolotean en torno a ella, sin lugar a dudas la más conocida de todas corresponde a la caprichosa procedencia parisina de los recién nacidos. Tradición cuya principal utilidad consiste en sacar de apuros a padres primerizos ante los cándidos interrogatorios de una prole de supuesto acento gabacho (es esa o la opción de la semillita). Lo curioso del caso es que el mito es común en la práctica totalidad de los países de Europa, perdiéndose en el tiempo sin que podamos adivinar cual es su origen exacto, pues cada nación tiene su propia versión.
Lo que sí parece tener una explicación razonable es el sentimiento positivo que despiertan. En primer lugar porque su llegada coincide con el buen tiempo en primavera, lo cual era considerado un signo de buen augurio. A lo anterior hay que unir sus costumbres antropomórficas, ya sea en cuanto a emparejamientos duraderos que pueden durar toda la vida (la cigüeña puede vivir hasta 70 años) como por el cuidado extremo que profesan a sus crías; relevándose macho y hembra en la incubación, trayendo comida a lo polluelos, protegiéndolos de la lluvia con sus alas totalmente a la intemperie o intentando darles sombra en plena canícula estival. Recientes estudios han verificado también que la fidelidad conyugal no es totalmente incondicional, por lo que a veces surgen disputas matrimoniales, lo cual no viene sino a confirmar otra similitud más hacia el comportamiento humano. Por otra parte, está comprobado estadísticamente como el número de nacimientos de nuestros bebés en los meses de buen tiempo se incrementa. No es de extrañar por tanto que, de toda esta asociación de ideas, surgiera el mito.
| Cigüeñas antes de la migración |
Así pues, desde época romana se creía que era una enviada de los dioses y estaba considerada como un ave sagrada. Estuvo por ello dedicada a la diosa Juno, divinidad que entre otras cosas cuidaba justamente del alumbramiento y los recién nacidos. Era tal la consideración que los romanos tenían a la cigüeña, que estos promulgaron la Lex Ciconaria (Ley de la Cigüeña), por la que se obligaba a los hijos a cuidar a sus padres ya ancianos, ya que se creía que las cigüeñas así lo hacían también.
Una evidencia más de la deferencia hacia ellas es el hecho de que nunca hayan sido consideradas como plato gastronómico. Cosa que siempre ha sido así con excepción de una breve época en la que, la excentricidades culinarias propias del declive romano llevaron a un tal Cayo Sempronio Rufo a suscitar su consumo. Moda impopular que a la postre le costó la elección a cónsul al que fue llamado por el pueblo “cocinero de cigüeñas Rufo”.
Hoy en día el respeto y protección a estas aves sigue patente y en auge. Afortunadamente las líneas de investigación para prevenir los accidentes eléctricos han venido evolucionando desde aquel entonces y las inversiones de las eléctricas son millonarias al respecto. Para ello, no han escaseado tampoco las reuniones entre técnicos y altos responsables de las compañías eléctricas, encaminadas a plantear soluciones alternativas a la construcción de nidos en los postes. Cónclaves en los que en alguna ocasión se llegó incluso a debatir sobre la operativa excretora de la cigüeña. Aspecto que, aunque fue controvertido en aquel instante por la forma literal de expresarlo, al no utilizar precisamente la expresión empleada en este artículo, no es para nada baladí, ya que este animal utiliza sus excrementos a modo de argamasa para unir las ramas de los cimientos del nido.
En contraposición al auge de respeto y protección hacia el animal que nos ocupa hoy, los valores humanos entre padres e hijos están en completo declive. La ley de la cigüeña y otras muchas no escritas casi han desaparecido, y la libertad de nuestra sociedad ha dejado de ser tal para convertirse en un libertinaje decadente, curiosamente igual que les pasó a los romanos. Quizás deberíamos hacer como las empresas eléctricas: invertir a conciencia en la búsqueda de alternativas en la construcción del nido moral en el que se educan nuestros hijos.
"Dedicado a mi hijo Pablo de 6 años, lo que más quiero en este mundo, al cual espero ser capaz de inculcar los valores realmente importantes de la vida."

La ley de la cigüeña por Kamereon se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.
Basada en una obra en www.almabiologica.com.
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