miércoles, 10 de junio de 2015

La araña tigre


Hace unos trescientos millones de años, cuando La Tierra se encontraba en plena ebullición de vida, las arañas se dedicaban a la caza por el suelo atrapando a los primitivos insectos que existían por entonces, y no necesitaban para nada las telas de araña. Pero los insectos empezaron a evolucionar para escapar de las garras de sus depredadores, primero saltando y tiempo después “inventando” las alas para volar. Las técnicas de caza de las arañas quedaron obsoletas, y aunque probablemente la seda se diseñó en principio para proteger a los huevos, fue entonces cuando hubo la necesidad de idear la telaraña como trampa para atrapar insectos aprovechando el potencial de dicho material. Todo esto, que se cuenta en un párrafo, sucedió tras miles de años de evolución.

El nuevo invento resultó ser sencillamente genial, pues un material tan polivalente como la seda podía ser utilizado para todos sus menesteres diarios: atrapar insectos, encapsular a la presa, fabricar refugios, cobijar los huevos, etc, hasta siete clases distintas de hilos se han llegado a constatar según su funcionalidad. A partir de ese momento las arañas prosperaron en este planeta, y ya van unos cuantos años.

La seda, segregada por unas glándulas epiteliales que posee la araña, está compuesta generalmente por una proteína llamada fibroína, inicialmente está en estado líquido pero al contacto con el aire se endurece y adquiere la forma que todos conocemos. Ciertamente estamos ante una obra maestra de la biotecnología, pues posee unas propiedades que la hacen única: la seda es diez veces más resistente que un hilo de acero del mismo grosor. El kevlar 49, fibra sintética diseñada por el hombre con la que se fabrican los chalecos antibala, es por el momento el material que más se aproxima en cuanto a dichas prestaciones, pero aún así queda a poco más de la mitad de camino de las propiedades de la seda. Pero aún hay más, lo más interesante es la relación elasticidad/resistencia, pues los materiales suelen ser resistentes y poco elásticos, o bien al contrario, la fibra de la seda es la excepción que confirma la regla y agrega la inusual combinación de la resistencia del acero con la elasticidad del caucho, se comporta como una goma elástica casi irrompible por más peso que se le eche encima.

No es de extrañar pues que algunas telas de araña de especies exóticas puedan atrapar incluso a pájaros pequeños, y es que son capaces de absorber el impacto al deformarse para después volver a su forma original, todo ello con un grosor pequeñísimo, apenas la décima parte de un cabello humano. Para hacernos una idea de esta capacidad, si obtuviésemos un hilo de seda de un centímetro de diámetro (poco más grueso que un bolígrafo), el cálculo físico nos dice que este sería capaz de retener la caída al vacío de coches sin romperse (unas cuatro toneladas). También es frecuente leer que una red de pesca que estuviese realizada con seda de araña, detendría a un boeing 747 en pleno vuelo.

Pero en cuanto a fabricación de redes las auténticas expertas son nuestras protagonistas, capaces de construir verdaderas estructuras arquitectónicas. Tal es el caso de la tela de captura de la Argiope Bruennichi, una especie típica de nuestro entorno abundante en esta época, a la que también se denomina araña avispa o araña tigre por su pigmentación amarilla atravesada de rayas negras y blancas.

La Argiope es ciertamente una araña que impresiona cuando uno tropieza con ella, ya que, pese a su gran tamaño (superior a los dos centímetros de abdomen en las hembras), normalmente pasa desapercibida hasta que no está prácticamente encima o quedamos enganchados con su imponente tela de araña.

Con las patas es casi como mi dedo de larga


La tela es construida a media altura entre matorrales, procurándose el espacio libre para construir al doblar los tallos de los herbajes y fijarlos con su seda, hasta que deja libre una zona suficientemente diáfana, comenzando entonces la labor ingenieril. Primero construirá un marco con forma poligonal que queda anclado fuertemente con una serie de vientos al follaje (igual que una tienda de campaña). Después, trazará un buen número de radios (entre veinte y treinta) hasta el centro, y por último, dispondrá una estructura circular entrelazada con los radios, que realmente es la que sirve para capturar a sus pobres víctimas. Para este último paso utilizará lo que se denomina seda víscida, la única que es pegajosa ya que, cuando es producida, la araña le añade un adhesivo producido por una glándula de su abdomen. Por la parte superior e inferior del centro, se suele apreciar además una franja blanca en forma de zigzag denominada establimento, que tiene la función de otorgar mayor estabilidad a la tela.

En diagonal en el centro se aprecia la franja blanca en zigzag
 
Construida la mortal trampa, la araña se sitúa en el centro a la espera de cualquier vibración que produzca un insecto atrapado por la tela víscida. El tiempo que transcurre entre que este es detectado y la araña lo atrapa es asombrosamente rápido, pues en dos o tres segundos el insecto queda completamente envuelto por la seda, ya que la araña tigre despliega ciencuenta o más hilos a la vez, con lo que tras dos o tres rápidas vueltas la pobre víctima queda empaquetada.

La suerte está echada para el saltamontes, bastará que haga un leve movimiento

Araña tigre envolviendo en un instante al saltamontes

Extiende la tela con las patas de atrás mientras da vueltas con las de delante

Posteriormente una rápida picadura, inmovilizará o matará al futuro almuerzo, que quedará en la despensa o será devorado por la araña en función del hambre que tenga. Realmente devorar, en el sentido literal de la palabra no es lo que hace la araña, pues esta especie no posee unas “mandíbulas” suficientemente grandes para hacerlo. Con una boca tan pequeña resulta difícil comer, así que la araña ha tenido que dar solución a este problema con un método que resultaría vomitivo para nosotros en todos los sentidos de la palabra, pues la araña regurgita sus jugos gástricos sobre el paquete momificado de la víctima y espera que estos actúen para después volverlos a absorber, pero en fin, tampoco somos nadie para enseñar modales a estos seres de ocho patas.

Una presa ya envuelta
La araña tigre sorbiendo jugos de una presa ya digerida

Con todo lo anterior, es lógico que el hilo de seda esté actualmente sometido a un intenso estudio que permita primero comprender su funcionamiento mecánico y después imitar el mismo con otros materiales. Pero además ya se han encontrado aplicaciones prácticas muy útiles en medicina al propio producto natural, donde la seda presenta cualidades inmejorables en la sutura y cierre de heridas mediante puntos. Normalmente los puntos externos hay que quitarlos una vez curada la herida, pero cuando se trata de lesiones internas o tendones y ligamentos rotos que hay que unir la seda es un material de primer nivel, ya que, además de resistente y elástica, se disuelve con el tiempo evitando el tener que quitarlos.

Como actualmente el hilo de seda de araña todavía no se puede adquirir en la ferretería, los estudios y aplicaciones del mismo se realizan con hilo original de la araña. Para obtenerlo, se obliga a las arañas a que realicen un hilado forzoso, para lo cual se fija a la araña por la espalda y se fuerza a que empiece a hilar sobre unas bobinas. Una especie de “ordeñado” que tendrán que sufrir las arañas hasta el día que consigamos inventar nuestra propia seda, día que sin duda cambiará nuestra forma de vida, y no podremos vivir sin la útil fibra de seda de araña.


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La araña tigre por Kamereon se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en www.almabiologica.com.

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