La pasada semana capturé a una bestia en miniatura, un animal feo donde los haya, quizás el menos agraciado que haya visto nunca.
Se trata de un solífugo, cuyo nombre significa “que huye del sol”, en un arácnido de ocho patas, de hecho se le llama también araña camello, pero no es una araña.
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| El minúsculo solífugo o araña camello que he capturado |
Insisto en que es una bestia nocturna porque es un tipo agresivo donde los haya, temible en la micropradera pues puede comerse a todo aquel pequeño animal con el que se encuentre.
Así que, cual científico loco del estilo del Dr. Frankenstein, me he propuesto criar y engordar a esta criatura de la noche, antes de volverla a soltar en el campo. Ahora es sólo un bebé monstruo de 5 mm, que crecerá hasta los 3 ó 4 cm, incrementando al tiempo la visibilidad de su horripilante aspecto.
Por el momento, sus actuaciones en el miniterrario no han defraudado. Ya que ha acabado con hormigas rubias, moscas, pequeños escarabajillos, una araña y lepismas 3 o 4 veces más grandes que él (un pequeño animal que suele habitar en casa, conocido también como pececillo de plata).
Aunque, en mi exceso de celo en este macabro espectáculo de lucha alimenticia, y ante la falta de otros pequeños animales visibles que está provocando la ola de calor de días atrás, eché a la arena del particular circo de gladiadores en que se ha convertido el tarro de cristal, un grupo de 6 o 7 hormigas argentinas para satisfacer su frenético apetito. “Gladiador”, salió triunfante de nuevo, aunque no ileso del todo, pues ha perdido una pata en uno de los envites.