domingo, 19 de enero de 2014

Parque Jurásico

El mundo, tal y como lo conocemos, tiene relativamente poco tiempo, unos 1,8 millones de años, una eternidad en términos humanos pero sólo un instante en la existencia de la Tierra, si comparásemos con la duración de un año sería equivalente a decir que a unas tres horas y media de tomarnos las uvas todo quedó como está ahora. Hace esas tres horas terminaron de formarse las cordilleras, serranías y montes de nuestro entorno, aunque un tiempo antes la situación era muy distinta, y pocos son los que dirían que nuestra querida Andalucía fue un día el fondo de un amplio mar, que finalmente quedó reducido al actual mediterráneo.

¿Cómo sucedió aquello? Pues tampoco hace demasiado tiempo que lo descubrimos, aunque había teorías precursoras, fue entre los años 60 y 70 cuando se formuló lo que se denomina la tectónica de placas. Hoy sabemos que la totalidad de la corteza terrestre está dividida en una serie de placas que engloban a los continentes y el fondo de los océanos, en total unas doce grandes placas y otras varias de menor tamaño. Esas gigantescas baldosas se encuentran “flotando” sobre el manto terrestre, que se comporta como una especie de pasta viscosa por la que las placas se desplazan continuamente, chocan y se separan, siendo las causantes de los terremotos, la erupción de volcanes y la formación de cordilleras como el Himalaya, los Alpes o los Pirineos.

Principales placas tecnócimas (imagen de Wikipedia)

Y bien, al principio todos los continentes estaban unidos, pero poco a poco comenzaron a fragmentarse, y a desplazarse por el globo terráqueo. Llegado un momento la placa euroasiática, formada por Europa, parte de Asia y del océano Atlántico, comenzó a rozar con la placa africana. Ahí en medio nos pilló a nosotros, y el empuje africano fue plegando poco a poco el fondo marino como las arrugas de una manta, levantando la cordillera bética, desecándose el agua entre las cadenas montañosas de manera que apareció todo el valle del Guadalquivir y el resto de Andalucía. El proceso aún continúa, y de vez en cuando, algún terremoto se encarga de recordarnos el choque continuo entre estas placas.

Así pues, el terreno que pisamos actualmente se encontraba a cientos de metros bajo el agua, y de eso podemos encontrar numerosas pruebas en nuestro entorno. Mi pueblo, Morón, famoso entre otras cosas por la cal, debe la misma precisamente a un origen marino, pues la piedra caliza no es sino una acumulación de restos calcáreos de organismos vivos. Los minerales de yeso que nos rodean se formaron por efecto de la evaporación del agua marina. El albero, no es otra cosa que pequeños trozos de conchas de almejas y otros moluscos oceánicos. Incluso hay un tipo de roca que recibe el nombre de nuestro pueblo por lo especialmente abundante que es en él, la moronita, compuesta por sedimentos fósiles de algas silíceas, y que se utiliza actualmente en la fabricación de dinamita. Basta sólo con fijarse un poco en este tipo de piedras y reconoceremos las formas de los fósiles de un antiguo mundo submarino.

Alcalá y Dos Hermanas están repletas de conchas


Dos caracoles de mar casi idénticos, pero con un par de millones de años de 
diferencia. El de la izquierda lo encontré en unos terrenos arenosos de Morón,
el de la derecha salió moribundo de una playa de Málaga hace unos años
 
Pero estas pequeñas trazas del pasado realmente no llaman demasiado la atención, por eso pasan prácticamente desapercibidas. Cuando pensamos en fósiles, ineludiblemente se nos pasa por la cabeza los huesos de los prehistóricos dinosaurios del jurásico, desgraciadamente no estamos en Logroño, donde se puede admirar el rastro dejado estos impresionantes animales. No obstante, en Morón sí encontraremos restos de animales de esa misma época, eso sí, pero que habitaron el mar.

No hay que ir muy lejos, a poco más de un kilómetro por una de las salidas del pueblo se encuentra una antigua cantera en la que descansan los restos fosilizados de uno de los animales más característicos del mundo marino del jurásico: los ammonites. Estos animales con concha no eran caracoles, como podría parecer por su forma, sino que pertenecían al grupo de los cefalópodos, parientes de los actuales pulpos y calamares.

Una selección de mis mejores piezas de 3 o 4 cm de diámetro

Los ammonites dominaron los mares durante 160 millones de años, extendiéndose por todos ellos y diversificándose en miles de especies. Poco sabemos de su modo de vida, aunque en nuestros días queda aún un único superviviente semejante que nos puede dar alguna pista, el Nautilus (como el submarino de Julio Verne), que vive en los océanos Índico y Pacífico, y al igual que el ammonite tenían una cabeza con una corona de tentáculos que asomaban por la abertura de la concha, con una especie de tapadera para poder cerrarla en caso de peligro.

El actual Nautilus pompilius es el único pariente lejano del ammonite (Wikipedia)

Restos de la compuerta o tapadera de los ammonites


Flotaban en el océano dejándose llevar por las corrientes gracias a que eran capaces de almacenar gas en las cámaras finales de la concha, propulsándose lentamente por medio de pequeños chorros de agua, aunque ese propio gas almacenado les impedía descender profundamente, porque a demasiada profundidad la presión del agua podía hacer explotar la concha. Pero su gran éxito sobrevino cuando empezaron a evolucionar la forma de las conchas, especialmente la sutura entre las cámaras en espiral. Cuanto más complicada era la sutura mayor era la resistencia de la concha y menor era el grosor necesario, de esta forma los ammonites ganaron en eficacia natatoria al hacer conchas más delgadas y para poder desplazarse más rápido.

Detalle de las complicadas suturas en la concha de un ammonite

En su etapa final las especies de ammonoideos empezaron a degenerar, apareciendo formas raras de conchas, ammonites con una exageración ornamental desmesurada, y gigantismo, algunas especies llegaron a medir hasta casi tres metros de diámetro.

Sin embargo, después de muchos años de dominio y evolución, los ammonites se extinguieron casi de golpe junto con los dinosaurios, coincidiendo con una de las cinco extinciones masivas que han acontecido en la tierra. Sus restos quedaron sepultados en el fondo marino para salir a la superficie cuando emergieron nuevas tierras como Andalucía. Sobre su extinción hay muchas teorías escritas, un meteorito, erupciones volcánicas… lo cierto es que los mares son mucho más sensibles a las variaciones que cualquier otro medio, cambios muy leves en la temperatura del agua, en el nivel del mar o en el oxígeno causan estragos en la vida marina.

Algunos quedaron atrapados en arenas fangosas y se encuentran al romper piedras
 
Sólo queda de ellos su huella fósil, sólo ka marca del ammonite (Puebla de Cazalla)
Es posible que ahora estemos en un nuevo proceso de extinción con el actual cambio climático, y que los fósiles del futuro sean muchos de los animales actuales, aunque aún está en nuestra mano el evitar que incluso nosotros mismos nos convirtamos en uno de ellos. Mientras ese momento llega, os dejo este pequeño reportaje de todos esos animales que he ido recopilando en nuestro particular parque jurásico.


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Parque Jurásico por Kamereon se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en www.almabiologica.com.

2 comentarios:

  1. Yo conozco algunos sitios de Huelva donde también se encuentran fósiles marinos, de hecho tengo una colección muy interesante.
    A ver si nos llevas a esos sitios tan chulos!

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  2. Excelentísimo blog, me pienso leer todas las entradas y por supuesto tienes un nuevo y fiel seguidor.

    Ánimos y saludos!

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